En el
reciente Real Decreto ley 5/2013, de 15 de marzo, mediante el que se lanzan desde la dimensión política una serie de “medidas para favorecer la continuidad de la
vida laboral de los trabajadores de mayor edad y promover el envejecimiento
activo”, que se transmuta en el mundo real en puras medidas de
endurecimiento para el acceso a la jubilación anticipada y a la jubilación
parcial, vemos que aparece esta expresión.
Pero
este no es el primer texto normativo en el que se utiliza, sino que ya en el
Real Decreto-ley 20/2012, de 13 de
julio, que contenía una serie de “reformas estructurales” consistentes
en medidas restrictivas de derechos o “medidas para garantizar la
estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad” (que suena
más bonito), se hacía mención al envejecimiento activo como una de las metas a
conseguir con dichas reformas.

Por tanto es
fácil llegar a la conclusión de que dicho concepto es un concepto amplio que
pretende abarcar, dentro del ámbito de la tercera edad, todas las facetas de la
vida (laboral, psicológica, sanitaria, de ocio, etc.), y no sólo la laboral, ya
que las personas somos, en principio, algo más que mano de obra. Tras conocer
el verdadero sentido de la expresión “envejecimiento activo”, o los objetivos
que se pretenden conseguir en aras de una tercera edad suficientemente amparada
por las autoridades, más indignante resulta su uso inapropiado por el Gobierno
para justificar una serie de medidas injustificables. Y es que para aprobar una
medida impopular por la vía del decretazo, pensarán desde el Gobierno, nada
mejor que intentar darle a la misma un punto de vista paternalista y protector,
como el de Papá Estado cuidando de su
gente mayor mediante el aumento de su nivel de actividad laboral con el fin de
evitar su apalancamiento. Está claro que esta vía le parecerá más cómoda al
Gobierno que la alternativa de reconocer que el sistema de pensiones no se
sostiene si no se obliga a parte de la población a permanecer más tiempo en la
vida laboral activa. Yo por lo menos agradecería un poco de sinceridad y que no
se utilizaran conceptos como el de “envejecimiento activo” para intentar
convencernos de que, no sólo no se están aprobando medidas que limitan nuestros
derechos, sino que encima se nos está haciendo un favor.
Dejando
de lado las consideraciones semánticas y de fondo, ya para terminar me voy a
tomar la libertad de formular unos agradecimientos finales:
Quiero
dar las gracias a la clase política por utilizar en su beneficio la idea del envejecimiento
activo, e intentar así quitarnos de la cabeza la imagen de una vejez sedentaria
e improductiva. Si no llega a ser por estos cambios normativos, estaríamos
condenados a vivir nuestra edad dorada perdiendo el tiempo realizando
actividades banales tales como contemplar obras, viajar con el IMSERSO o disfrutar
de una vida puramente contemplativa, aunque ello conlleve la desventaja de que
no podremos realizar otras actividades como cuidar de nuestros nietos, lo que
sin duda repercutirá en la “solidaridad intergeneracional”.
Gracias
por brindarnos la oportunidad de vivir, a diferencia de generaciones anteriores
que según el Gobierno abandonaron la vida activa demasiado pronto, el sueño de
un envejecimiento activo en el que sigamos trabajando en pro de la sociedad y
de la bonita idea de solidaridad intergeneracional, que se traduce en la
práctica en seguir trabajando para que aquellos que han pasado a vivir un
envejecimiento más pasivo puedan seguir cobrando su pensión. Ya llegará el
momento en el que, tras largos años de trabajo, podamos por fin disfrutar de un
tiempo para nosotros mismos.
Abidan Themis