Las fases de la desescalada anunciadas por el
Gobierno se aplican al trabajo, a la vuelta a algunas actividades laborales y a
la vida personal
El
plan de desescalada y vuelta a la llamada “nueva normalidad” prevé un proceso
de cuatro fases que afectan a la vuelta al trabajo y a cómo nos desplazamos a
él. El paso de una fase a otra no es homogéneo en todo el territorio, sino que
se hará por provincias, en función del nivel de contagios y la evolución de la
pandemia. Es decir, la Fase II implica los mismos límites y permisos para todo
el territorio nacional, pero una provincia puede entrar en Fase II el 11 de
mayo y otra no llegar a ella hasta el 8 de junio, por ejemplo.
El
Gobierno incide, además, en la importancia de cumplir a rajatabla los límites
interprovinciales, y muy especialmente cuando una provincia esté en una fase
avanzada por encontrarse más “limpia” y en la nuestra haya una fase inicial por
tener aún demasiados contagios. El objetivo es acabar con los focos de
infección, no extenderlos.